Hay momentos en la vida donde todo cambia.
A veces son cambios que buscamos, y otras veces son cambios que no queremos, pero igual llegan.
Muchas veces nos aferramos a etapas, a personas, a trabajos, a lugares, porque sentimos que cambiar es traicionar lo que fuimos. Pero la vida no es lineal, la vida son etapas, y cada etapa nos transforma en una versión nueva de nosotros mismos.
Ser mamá es una transición.
Cambiar de trabajo es una transición.
Terminar una relación es una transición.
Mudarse es una transición.
Empezar de nuevo también es una transición.
Y aunque muchas veces dan miedo, con el tiempo uno entiende que muchas de esas transiciones eran necesarias para crecer, para aprender y para llegar a un lugar mejor.
Las piedras de esta pieza no son iguales entre sí, porque representan eso: las etapas de la vida. Algunas son claras, algunas son oscuras, algunas son suaves, otras más fuertes. Pero todas forman parte de nuestra historia.